Suscripciones compartidas y planes familiares: cómo llevar la cuenta
Paga una tarjeta, lo usa media casa y alguna renovación salta solo una vez al año. Así se anotan las suscripciones para que el total anual sea real y las olvidadas salgan a la luz.
Pagas tú el plan familiar de música porque en su momento era tu tarjeta la que estaba metida. Dentro hay un hueco para tu pareja, otro para tu hermana, que vive en otra ciudad, y uno que ocupó un primo hace tiempo y al que nadie ha vuelto a mirar. El recibo llega puntual, es pequeño, y precisamente por pequeño lleva meses sin pasar por ninguna conversación.
Las suscripciones no se descontrolan porque sean caras. Se descontrolan porque cada una, por separado, es perfectamente defendible, y nunca se ven todas juntas. Lo que sigue no va de cancelar nada: va de conseguir que, el día que quieras mirarlas, estén en el mismo sitio y con el total del año delante.
El total anual es el único número que asusta lo justo
Nueve euros al mes no le duelen a nadie. Ciento ocho al año ya es una cifra sobre la que se puede hablar sin dramatizar. Por eso lo útil no es vigilar cada cargo, sino poder pedirle a tu registro el acumulado de doce meses de una sola etiqueta. Para eso basta con que todas las suscripciones compartan categoría y que ninguna se cuele dentro de otra cosa: el paquete de televisión que va dentro de la factura del móvil es el caso típico, porque viaja escondido en un recibo domiciliado que tú clasificas como telefonía.
La tarde de barrido: la lista ya existe, solo hay que sacarla
Nadie tiene la lista completa en la cabeza, y tampoco hace falta reconstruirla de memoria. Está entera en los movimientos de la cuenta y en los recibos domiciliados de los últimos doce meses. Es una tarde de trabajo y no se repite: después solo se añaden las nuevas.
- Abre los movimientos de los últimos doce meses de cada cuenta y de cada tarjeta, incluida la que casi no usas.
- Marca todo cargo que se repita con el mismo nombre y un importe parecido, aunque sea de menos de cinco euros.
- Añade a mano lo que no aparece con nombre reconocible: el gimnasio que cobra por transferencia, la cuota del club, el almacenamiento de fotos que se paga desde otra tienda.
- Anota al lado de cada una quién la usa de verdad hoy, no quién la usaba cuando se contrató.
La última columna es la que hace el trabajo. Casi siempre aparecen una o dos líneas donde la respuesta honesta es que no la usa nadie, y eso se ve solo cuando están todas en la misma hoja.
Lo que te devuelven no es un ingreso
Si tu hermana te manda su parte por Bizum cada mes, tienes dos formas de anotarlo y las dos son válidas, pero cuestan cosas distintas. Si lo apuntas como ingreso, tu registro dirá que ganas más de lo que ganas, y el día que mires tus ingresos del año habrá ahí un dinero que nunca fue tuyo. Si lo restas del gasto, el importe queda limpio pero pierdes de vista lo que cuesta el plan entero.
La salida intermedia es anotar el gasto completo cuando se cobra y meter el reembolso como una entrada negativa en esa misma categoría. Así el mes refleja lo que de verdad ha salido de tu bolsillo y el año sigue sabiendo cuánto cuesta el servicio. Tiene un coste: son dos apuntes en lugar de uno, y si te pagan una sola vez al año no compensa.
Las anuales son las que se olvidan
El dominio, el almacenamiento en la nube, el antivirus, el seguro del móvil, la cuota del club: renuevan una vez al año y aparecen once meses después de que nadie se acuerde de ellas. Cuando anotes una de estas, escribe en la nota el mes en que renueva. No hace falta más sistema: al repasar cualquier mes, las que tocan ese mes ya están señaladas desde el año anterior.
Hay quien prefiere prorratear y dividir la cuota anual entre doce para que ningún mes se dispare. Funciona para hacerse una idea del coste real de vivir, pero rompe una cosa: el mes deja de parecerse al extracto del banco, y cuando algo no cuadra ya no sabes si es el prorrateo o un olvido. Si eliges prorratear, hazlo con todas las anuales o con ninguna.
Cuando el plan familiar cruza dos casas
El plan de seis huecos casi nunca se queda dentro de una casa. Entran los padres, un hermano, la pareja de alguien. Ahí no hay una manera correcta, hay tres maneras que la gente usa y que funcionan siempre que se digan en voz alta: que quien paga lo asuma y punto, sin cuentas; que se liquide una vez al año con un solo Bizum en lugar de doce; o que se compense en especie, uno pone la música y el otro las series. Lo que rompe las cosas no es la fórmula, es que nunca se haya hablado y cada uno crea que rige otra distinta.
Con la lista hecha y una etiqueta común, esto deja de ser una tarea y pasa a ser una consulta de dos minutos cuando te apetezca hacerla. Y si dentro de medio año te encuentras otro cargo que no reconoces, ya sabes que la respuesta está en el extracto, no en tu memoria.
Preguntas frecuentes
¿Anoto la suscripción cada mes o solo una vez?
Si el cargo llega cada mes al banco, lo natural es anotarlo cada mes, porque así tu registro se parece al extracto y puedes comparar. Las anuales se anotan el mes en que se cobran, con el mes de renovación escrito en la nota. El acumulado del año lo saca luego la categoría; no hace falta que tú lo lleves a mano.
¿Cómo registro el Bizum que me manda mi hermano por su parte?
No como ingreso: ese dinero nunca fue tuyo, solo pasó por tu cuenta. Lo más limpio es dejar el gasto completo apuntado y añadir el reembolso como un importe negativo dentro de la misma categoría de suscripciones. Así el mes muestra lo que has puesto tú de verdad y el total anual sigue diciendo lo que cuesta el servicio entero.
¿Merece la pena una categoría propia solo para suscripciones?
Sí, y es de las pocas veces en que crear categoría compensa claramente. Son gastos pequeños, repetidos y de importe estable, así que repartidos entre ocio, hogar y telefonía se vuelven invisibles. Juntos forman un número que puedes leer de un vistazo. Basta con una categoría; no hace falta subdividir en música, series y nube salvo que te apetezca.
¿Y la suscripción que comparto pero apenas uso?
Anótala igual que las demás y déjala en la lista con el nombre de quien sí la usa. Una parte de tu gasto en suscripciones es en realidad un servicio que le estás dando a otra persona, y eso no tiene nada de malo, pero conviene que esté escrito en algún sitio para que sea una decisión y no un descuido.
Pruébalo un mes
Fambook le da a una casa una sola libreta compartida: cualquiera apunta un gasto en segundos, cada apunte dice quién lo hizo, y el mes suma en un sitio en vez de en dos. Apunta sin cobertura y sincroniza después. Apuntar, categorías, presupuestos, estadísticas, importar y exportar en CSV, sincronización y compartir entre dos personas son gratis: la suscripción solo te compra teclear menos.