Dinero prestado a familia y amigos: apuntarlo sin que parezca cobrarlo
El dinero que se presta entre gente que se quiere casi nunca se olvida a propósito: se olvida porque nadie lo escribió. Un registro exacto en los importes y discreto en la presión.
Pagas tú la cena porque el camarero estaba esperando. Le dejas doscientos euros a tu hermano un mes que le vino mal. Pones la entrada del concierto de los cuatro y ya se lo devolverán. Ninguna de esas tres cosas se olvida por mala fe, y sin embargo dos de ellas van a quedar sin devolver, no porque alguien decida no pagar, sino porque a los diez días ya nadie recuerda el importe exacto ni quién puso qué.
Escribirlo no es desconfiar. Es justamente lo contrario: quien tiene el dato escrito no necesita estar dándole vueltas ni buscando el momento de sacar el tema en una comida familiar.
Dos cosas distintas con el mismo nombre
Conviene separar el reparto de un gasto común de un préstamo de verdad, porque no se comportan igual. El reparto se resuelve en días, casi siempre por Bizum, y lo único que hace falta es no perder de vista quién falta. Un préstamo tiene otra escala y otro tiempo: puede tardar meses, puede devolverse a trozos y puede acabar sin devolverse. Si los metes en el mismo saco, o te pones pesado con lo pequeño o pierdes de vista lo grande.
El umbral por debajo del cual no anotas
Hay una cantidad por debajo de la cual apuntar cuesta más que el dinero en juego. Dónde está esa cantidad es cosa tuya y de tu situación, pero es muy útil decidirla en algún momento y no ir improvisándola caso a caso. Por debajo del umbral, el café que pagas tú y el que paga el otro se compensan solos con el tiempo, y llevar la cuenta de eso convierte una amistad en un libro de contabilidad.
Por encima del umbral sí se anota, siempre, y sin hacer excepciones por cercanía. La excepción con la familia es justo la que produce los problemas: se anota lo que se le presta a un conocido y no lo que se le presta a un hermano, que es lo que de verdad puede pesar.
Cómo se anota sin que parezca un contrato
El dinero prestado no es un gasto: no te lo has gastado, lo tienes fuera. Si lo anotas como gasto, tu mes dirá que te fundiste doscientos euros en algo que no existe, y el día que te lo devuelvan no sabrás dónde ponerlo. Lo más limpio es tratarlo como dinero pendiente, en una lista aparte de las categorías de gasto, con tres datos y ninguno más.
- El importe exacto, que es el dato que se degrada primero y el que más incomodidad genera cuando hay que preguntarlo.
- La fecha, que sirve para saber cuánto tiempo lleva sin que tengas que hacer cálculos de memoria.
- El concepto en dos palabras, para que dentro de un año sepas si aquello fue la matrícula del máster o la cena de Nochevieja.
- Las devoluciones parciales según van llegando, porque un préstamo que vuelve a trozos es el que más se lía si solo lo llevas en la cabeza.
Fíjate en lo que no hay en esa lista: ni fechas de vencimiento, ni recordatorios, ni nada que convierta el apunte en una reclamación. El registro está para que tú lo sepas, no para presionar a nadie.
Cuando pasa el tiempo
Un préstamo entre gente que se quiere tiene una vida rara: los primeros días es una anécdota, a los dos meses es un tema que nadie saca y al año es una cosa que enrarece las comidas. Tener el importe escrito ayuda en la parte práctica, porque cuando surja la conversación no habrá que negociar cuánto era, que es la parte más incómoda de todas.
Cómo y cuándo se habla de ello ya no es cuestión de contabilidad. Hay quien lo saca a las pocas semanas con naturalidad, hay quien espera a que la otra persona esté en mejor momento y hay quien no lo saca nunca. Ninguna de las tres es una mala decisión; lo que sí conviene es que sea una decisión y no un olvido disfrazado.
Lo que se decide dar por regalado
Parte de este dinero no vuelve, y muchas veces desde el primer momento tú ya lo sabías. Cuando llegue el punto en que tienes claro que no va a volver, lo mejor que puedes hacer con tu registro es cerrarlo: sacarlo de pendientes y anotarlo como lo que ha sido, un regalo o una ayuda a alguien de la familia. Deja de aparecer en una lista que se mira con incomodidad y pasa a ser un gasto que dice la verdad.
Cerrarlo así no es perdonar una deuda ni renunciar a nada; es dejar de arrastrar un pendiente que ya no lo es. Y tiene una ventaja tranquila: al final del año, el dinero que has puesto para ayudar a los tuyos aparece como una cifra concreta, que es una información que casi ninguna casa tiene y que explica bastantes meses que parecían raros.
Preguntas frecuentes
¿Anoto como gasto el dinero que presto?
Mejor no, mientras esperes que vuelva. Un préstamo no es dinero consumido, es dinero tuyo que está fuera, así que encaja mejor en una lista de pendientes que dentro de una categoría de gasto. Si lo anotas como gasto, ese mes queda deformado y, cuando te lo devuelvan, no tendrás sitio donde ponerlo sin que parezca un ingreso que no has ganado.
¿Y las cantidades pequeñas del día a día?
Conviene fijar un umbral y no anotar nada por debajo. Los cafés, las cañas y los pequeños adelantos entre amigos tienden a compensarse solos, y llevar la cuenta de eso desgasta más de lo que aporta. Por encima del umbral, en cambio, se anota siempre y sin excepciones por cercanía, porque la excepción con la familia es justo la que luego duele.
¿Cómo llevo un préstamo que me devuelven a plazos?
Anotando el importe original una vez y cada devolución debajo, con su fecha, de forma que el pendiente vaya bajando solo. Así en cualquier momento sabes cuánto queda sin tener que reconstruirlo de memoria, que es donde aparecen las discrepancias incómodas. Si las devoluciones llegan por Bizum, el propio movimiento te da la fecha y el importe exactos.
¿Qué hago con lo que sé que no me van a devolver?
Cerrarlo. Sácalo de la lista de pendientes y anótalo como ayuda o regalo en la fecha en que lo decidas. El apunte deja de generar incomodidad cada vez que abres esa lista y tus cuentas pasan a decir la verdad: ese dinero no está fuera esperando, se dio. Al final del año verás como una cifra concreta lo que has dedicado a echar una mano.
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