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Presupuestar cuando cada mes cobras una cifra distinta

Los consejos pensados para una nómina fija se caen en cuanto eres autónomo, cobras por horas o parte de lo que ingresas son comisiones. Presupuestar contra tus gastos y tus peores meses en lugar de contra una media que no vas a cobrar.

Casi todos los consejos sobre presupuestos dan por hecho que hay una nómina que entra el mismo día por la misma cantidad. Si eres autónomo, si trabajas por horas, si parte de lo que cobras son comisiones o si encadenas contratos, ese punto de partida no existe, y todo lo que viene después se cae.

La salida no es adivinar mejor lo que vas a ingresar. Es dejar de presupuestar contra los ingresos y empezar a presupuestar contra los gastos, que son mucho más estables de lo que parecen.

Tus gastos son casi fijos aunque tus ingresos no lo sean

El alquiler o la cuota de la vivienda, la comunidad de propietarios, los recibos domiciliados, la cuota mensual de autónomo, el seguro y la compra se parecen bastante de un mes a otro. Es decir: aunque no sepas cuánto vas a cobrar en marzo, sí sabes con bastante precisión cuánto te va a costar marzo.

Ese número (lo que cuesta un mes tuyo sin nada especial) es el dato central de todo el sistema. Sácalo de los últimos seis meses, no de una estimación, e inclúyelo todo: también la parte proporcional de lo que se paga una vez al año, como el seguro del coche o el IBI.

La media es la cifra que más engaña

La tentación es sumar lo que ingresaste el año pasado y dividir entre doce. El problema de esa media es que no vas a cobrarla ningún mes: cobrarás por encima algunos y muy por debajo otros, y los meses malos no llegan repartidos ordenadamente, sino a menudo seguidos.

Es más útil quedarse con dos cifras distintas de aquel mismo año: cuánto ingresaste en tu peor mes y cuánto en un mes normal. La primera te dice si puedes sostener tus gastos en el escenario flojo. La segunda es contra la que se planifica el día a día. La media no sirve para ninguna de las dos cosas.

El dinero que entra en tu cuenta y no es tuyo

Si facturas, hay una parte de lo que ves en el saldo que no te pertenece: la que corresponde a impuestos que se liquidan más tarde. Contarla como ingreso es el error que más veces convierte un buen trimestre en un susto en el siguiente.

Lo que hace mucha gente autónoma es tratar esa parte como si no existiera desde el momento en que cobra la factura, apartándola a otra cuenta o, como mínimo, restándola en el registro para que el número que mira cada semana sea el dinero realmente disponible. Es contabilidad, no estrategia financiera: solo se trata de que la cifra que ves signifique lo que crees que significa.

Cómo se ordena un mes irregular

Con esas piezas, el mes se puede ordenar en un orden bastante simple:

  1. Cuando entra un cobro, aparta primero la parte que corresponde a impuestos, porque es la única que tiene fecha de salida garantizada.
  2. Cubre con lo que queda el coste de tu mes base, empezando por vivienda y recibos domiciliados, que son los que peor toleran un retraso.
  3. Deja acumulado lo que sobre en los meses buenos en lugar de repartirlo, porque su función es sostener los meses en los que no llegue nada.
  4. Revisa cada trimestre si el coste de tu mes base ha cambiado, ya que las subidas de suministros y seguros entran despacio y no se notan hasta que el número deja de cuadrar.

Este orden tiene un coste evidente: en los meses buenos no se disfruta del mes bueno, porque el dinero se queda parado esperando a un mes malo que quizá no llegue. Es un intercambio real, y hay temporadas vitales en las que no compensa.

El retraso también cuenta

Hay una diferencia que se olvida al presupuestar: no es lo mismo cobrar poco que cobrar tarde. Un trabajo facturado en enero puede pagarse en marzo, y durante esas semanas tus gastos no se han enterado. En un registro de gastos ayuda distinguir entre lo facturado y lo cobrado, y planificar el mes solo con lo segundo.

Por eso el número que conviene mirar cada semana no es cuánto has ganado, sino cuánto tienes disponible y cuántas semanas de tu mes base cubre. Esa segunda cifra es la que responde a la pregunta que de verdad te haces cuando los ingresos van a saltos, y es la única que no depende de acertar el futuro.

Preguntas frecuentes

¿Cómo hago un presupuesto si no sé cuánto voy a cobrar?

Empieza por el otro lado: calcula lo que cuesta un mes tuyo normal, con vivienda, recibos domiciliados, cuota de autónomo, compra y la parte proporcional de los pagos anuales. Esa cifra es estable aunque tus ingresos no lo sean. A partir de ahí la pregunta deja de ser cuánto vas a ganar y pasa a ser cuántos meses base cubre el dinero que ya tienes disponible.

¿Por qué no sirve trabajar con la media de mis ingresos?

Porque es una cifra que no cobras ningún mes concreto. Los meses flojos suelen venir seguidos, así que planificar sobre la media te deja corto justo cuando peor viene. Es más útil quedarte con dos números reales del año pasado: lo que ingresaste en tu peor mes, para saber si aguantas ese escenario, y lo que ingresas en un mes normal, para planificar el día a día.

¿Qué hago con el dinero de los impuestos que aún no he pagado?

Trátalo como dinero que no es tuyo desde el momento en que cobras la factura. Puedes apartarlo en otra cuenta o simplemente restarlo en tu registro para que el saldo que consultas cada semana sea el disponible de verdad. No es una estrategia financiera, es evitar que un buen trimestre parezca mejor de lo que fue y te descoloque la liquidación siguiente.

¿Y si un mes no llega para los gastos fijos?

Es una situación previsible con ingresos variables, así que conviene tener decidido de antemano en qué orden se paga: primero lo que peor tolera un retraso, como la vivienda y los suministros domiciliados, y después lo demás. Tener ese orden escrito antes de necesitarlo evita decidirlo con prisa. Y anota igualmente el mes completo: los meses malos son los que mejor explican el año.

¿Cómo trato los meses buenos para no descuadrar el año?

Lo más práctico es no considerarlos meses buenos, sino adelantos de los meses flojos que vendrán. Si el excedente se reparte en el mismo mes en que llega, el año siguiente vuelve a empezar igual de justo. También ayuda marcar esos meses en el registro para no compararlos con los normales y sacar conclusiones equivocadas sobre tu ritmo de gasto.

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